26 mar 2017



El cuento de la cosecha de Papas.


Hace unos cuantos años, muchos ya, un hombre “muy goledor” de Araya pasó por delante de un cantero  abandonado,  y le dio tanta pena que se puso a limpiarlo de matos y de yerbas que habían “enizado” aquel cantero fértil. 

Lo aró y cuando terminó se dio cuenta que no había decidido que iba a sembrar allí, porque aquella tierra había que sembrarla.  Finalmente se decidió por plantarla de papas, porque aquella tierra era buena para eso y él y  su familia siempre habían plantado papas, así que era algo que creyó sabría hacer el solo porque ya no tenía a su gente para que lo ayudaran con su sabiduría y buenos consejos.


Empezó haciendo los surcos a mano, surquiar (o lo que es lo mismo escribir) nunca se le había  dado bien, por eso siempre le encargaban tapar los surcos.  Pero cuando ya llevaba unos cuantos  surcos hechos alguien que pasó por el camino y lo vio le dijo:

 ¡muchacho cómprate un motor porque de esa manera no acabarás nunca! (el motor era un ordenador).  Y cierto fue porque los surcos salían derechitos que daba gusto y ya no se le “cambaban”.


Para empezar a sembrar solo tenía la semilla de papas  de su familia paterna, "los Reyes” (también conocidos como los “hijos  de Casimiro”), y de su familia materna, "los Marqueses” (o los “Papa Fría”), y con esa semilla que desde chico había ido, no sé sabe por qué, separando y guardando, empezó a sembrar aquellos primeros surcos.


Pero la semilla se le acabó pronto y no había hecho nada más que sembrar unos cuantos surcos de un cantero muy grande. Así fue que empezó a pedirle semilla a sus vecinos de Araya. 

En Areja de las primeras personas que le dio algo fue su amiga de toda la vida, Clari (la de Nanda y Zacarias), Zenón, Valentina, Regla y los hijos de Josefina “la costurera” (la Finita y el Chacho). En la “Morra los Valitos”, Florinda, los nietos de Cha Maximina, las hijas de Ramón Lugo, Adolfo Higuera, todos le dieron semilla. 

Pero cuando llegó a casa de Luís (el de Anita), amigos ahí sí que había semilla de la buena, de la antigua, y en cantidad suficiente para sembrar algo más que un par de surcos. Pero es que de allí se fue a casa de Ventura “el Gato”, bufff …. ese hombre le llenó tanto el saco que le temblaron las patas. La verdad que en Chicoro en todas las casas le dieron algo, por eso cuando llegó a casa de Brígida (la de Anacleto) ya tuvo que dejar un saco.

En la Morra del Pino fue a casa de Carmelina (la de Tomás), a la de Manuel (el de Cha Frasquita), a la de Arabia, donde ya lo esperaba Felipa, jummmm, si con Ventura le temblaron las patas no les cuento con esa mujer, le dio tanto que hasta le recarcó el saco. Anastasio, Cisa (la de Cha Candelaria) , Godofreda en La Montañeta, Maruca y Joaquín, Rodolfo, Eulalia y Olimpia en La Cruz del Camino, todos le dieron semilla. 

Subió al Lomo de las Goteras, pasó por La Morrita, bajó a la Joya y siguió pa La Vera, cruzando por El Pasito el barranco de Las Vigas, se acordó de “las Ciegas”  cuando pasó por delante de las cuevas y fue derecho a la casa de Candita, todos le dieron semilla.

Se acercó hasta “las Higueras Indias” y consiguió semilla de chu Pedro “Quequé” y cha Cecilia, con Ramira la de “los Cabezudos” se entretuvo, normal con lo que a los dos les gustaba alegar  y “un cuento”. Pero de la Florida no podía irse sin pasar por casa de Andrés “el Chile”, que le sacó toda la semilla que le quedaba de sus abuelos cho Patricio y cha Modesta. Después, fue a ver a Evangelina, Mena, Ciona, Merceditas, todos le dieron semilla.

En El Seifón pasó por la casa de Labrita la Marquesa”, la de Juanito “el Gato” y la de su sobrina Blanca, esa mujer se portó tan bien que mandó a su hija Idaira con él para que le ayudara a cargar con medio saco. Pasó por casa de Dolores, Marcelina, Domingo “Cascarilla”, José “el Marqués”, Juan Pedro, todos le dieron semilla.

Cruzó el barranco hasta llegar a La Jurada, a casa de Agustín y Argelia , de allí fue a tener a la Medida a ver a Julia Torres, a Demetrio, a Julián e Imelda, a Marianela, Olguita y por ir fue hasta la casa de Enrique y Eligia.

Al día siguiente, al bajar pasó por la casa de Salomé (“Maruca” pa los arayeros) y menos mal que fue temprano porque hasta indicaciones de a dónde ir a buscar semilla de Anaga le dio. En Chigerno, Emérita, Rosarito Chico, Dora, Coralia, Teodora y en La Rana, “los Marqueses” y Miguel Ángel, todos le dieron semilla.


Recogió semilla en Candelaria, en Igueste, en Barranco Hondo, en La Esperanza, en el Tablero, en Geneto, en Santa Cruz, por ir fue hasta la Tosca de Ana María en Santa Úrsula, a la casa de Guadalupe Torres y su hija Eloina (que buenas mujeres). Y  ya que estaba allí, pasó por un par de casas más de “La Corujera.


Cruzó la cumbre con un par de bestias cargadas con toda la semilla que ya había recogido y bajó por Chivisaya hasta Malpaís. Llegó como si fuera un cochinero,  lo miraron medios desconfiados porque no lo conocían, pero fue llegar a casa de Margarita Bello (la de Elías) y decirle que era el “hijo de José el de Araya” y bueno… se le abrieron todas las puertas en las que tocó. La de Genara, la de Fulgencio y su hermana Carmen, donde su hija Maura le empaquetó otra poca de semilla. 

Bajó hasta la casa de Leoncia a recoger la semilla de los Casanova y volvió a subir porque había dejado la casa de Félix Guanche para el final (bufff fuerte semilla buena le dio ese hombre, de todos los malpaiseros y cueviciteros tenía algo).


Estando allí, se dijo: no te puedes ir pa’ Cuevecitas sin ir antes a Arafo y pa’ Arafo que fue. Allí encontró a Candelaria y su hermana Maruca, a Juan Gregorio y en el barrio del Carmen recogió semilla en casa de Felipe Fariña y en la plaza pasó a ver a Agustín “Bracha”, pero no se fue sin antes ir a ver a Emilia Alonso.


Una vez estuvo de nuevo en Malpaís, recogió lo que había dejado en casa de Félix Guanche y jaló diestrito pa’ casa de Gabita y Paquito, de allí al Lomo las Colmenas a casa de Santiago y Lupe, donde su hija Raquel ya lo estaba esperando con medio saco de pita de la mejor semilla que le habían juntado por todo Cuevecitas. De allí pa’ las Cuatro Esquinas a casa de Sabina, a Ramona y a Francisco “Perilla” también los visitó, bajó por el callejón a casa de Arturo y Maruca, de allí fue a casa de Celsa, Natoria, Julia y Emilio. 

Derechito siguió pa’ La Herradura a ver a Rosa Marta y a Chicha. Y de allí al Balo a la casa de Hilda y de Inés Higuera y si llevaba ya las bestias “jundías” lo de Inés fue el acabose….Dios mío, no solo le dio de la mejor semilla que tenía sino que también le dio abono (el de la ilusión, la esperanza, el ánimo y los buenos consejos).


Cuando llegó  a Areja ya tenía semilla que le habían mandado hasta de “esas tierras de fuera”: Cuba, Venezuela, Perú, Estados Unidos.

Sembró toda la semilla que recogió, y que le cupo en aquel cantero. Le cayeron unas agüitas buenas y las papas se fueron poniendo preciosas y el güiro se fue corriendo de un lado para otro hasta que aparecieron  los gangocheros, mucho habían tardado y mucha fue la gente que le  había advertido de que vendrían a verlo.

Quisieron comprarle la cosecha, pero no entendieron que el arayero les dijera que esa cosecha no se vendía, que aquella cosecha tenía que ser regalada porque a él le habían regalado la semilla. Les escarbó  una muestra de las papas  para que las vieran y les ofreció la cosecha regalada, para que desde su almacén de la costa la repartieran a todo aquel que las quisiera. Trataron la cosecha y todo fue bien hasta que el arayero cavó las papas, y las guardó en la cueva a la espera de que los gangocheros fueran a buscarla. Nunca aparecieron. 

El hombre se vio desesperado, tanto trabajo, tanto de ir de un sitio pa’ otro, tanta gente dando lo poquito que  tenía, tanto sacrificio para que después  se despreciara, de aquella forma, la cosecha con la que tanta gente estaba tan entusiasmada. Así que de la noche a la mañana, sin saber por qué, se vio con una cosecha de papas que tenía que echar fuera y de la que todo el mundo quería una muestra. 

Como Dios lo ayudó abrió de un día para otro un puestito que llamó “Gen de Candelaria” y empezó a echar fuera todo lo que tenía… papas que ponía en el mostrador, papas que se las quitaban de las manos. 

La gente se fue juntando y juntando y desesperados le preguntaban: ¿y las buenas cuando las sacas?. 

Pero para sacar las papas buenas necesitaba sacos, así que fue corriendo a La Punta y allí David (el de Manolín) le hizo el saco más bonito que jamás había visto. 

Pero todos sabemos bien que en la boca del saco siempre hay que poner lo más escogido y hermoso de la cosecha y para eso se le ofreció don Octavio Rodríguez que puso un encolmo de lujo, bufff, lo mejor que se podía esperar.


Y así, de un día para otro, aquel arayero goledor empezó a repartir aquella cosecha de papas….la semilla de todos, la semilla que no debemos dejar perder nuevamente, la semilla que nuestros antepasados nos dejaron en forma de historias y “cuentos” como este que les hemos contado.

Por eso recuerden esta semilla la debemos de cuidar y seguir plantando y no debemos dejarnos engañar como con las papas negras, para cuando nos aparezcan con semillas nuevas  como la “negra oro” no paguemos una fortuna por ella.


La que vale, la buena, es la nuestra, la que plantamos y cuidamos nosotros.


5 mar 2017


Censo electoral de Candelaria de 1932


Este Blog nació como medio para  divulgar la Guía Genealógica de Araya, las Cuevecitas y Malpaís y dar a conocer los extras de información obtenida en la realización de la misma, pero… con el "espíritu" de que esta iniciativa sea COPIADA en todos los pueblos del municipio de Candelaria. Por eso, su nombre “Gen de Candelaria”.

Basándonos en ese “espíritu colectivo y de fomento” del estudio de nuestros antepasados, que creemos hemos hecho resurgir con nuestro trabajo en muchas familias de todo el municipio de Candelaria, es por lo que hoy queremos aportarles un recurso más para que les sea más fácil avanzar en las investigaciones genealógicas que se están aventurando a iniciar.

Les compartimos un documento “reciente”, el Censo Electoral de Candelaria del año 1932. 

Cuando comenzamos a realizar un estudio genealógico de nuestras familias, las primeras fuentes para recabar información son las orales, las cuales siempre debemos contrastar con la documentación que podamos conservar de nuestros antepasados.  Una vez se ha terminado el análisis de la información y la documentación a la que hayamos podido acceder en el entorno familiar, tenemos que acudir a los archivos oficiales. 
Con el fin de facilitar la búsqueda de datos en los archivos, es por lo que hemos creído oportuno aportarles esta nueva herramienta de ayuda, para que les sea más fácil el avance en su investigación genealógica.

Hagamos memoria...

Tras las elecciones generales españolas de 1931(las últimas en las que solo ejercieron el voto los hombres) se aprobó La Constitución española de 1931, proclamándose la Segunda República y reconociéndose también, en la nueva constitución, el derecho al voto de las mujeres. Este ejercicio democrático lo pudieron ejercer por primera vez en España, con motivo de las elecciones a Cortes Generales del 19 de noviembre 1933.

Pero para llevar a cabo esos comicios de 1933 fue necesario incluir en el censo a  todas las mujeres en edad de votar (a partir de los 23 años). Para ello se dictó el  Decreto de 26 de enero de 1932 con el fin de hacer un nuevo censo  dadas las recientes necesidades impuestas por la normativa electoral.

La información que nos proporcionó este censo electoral nos fue muy útil a la hora de realizar nuestra Guía Genealógica y es fundamental que ustedes lo tengan en cuenta a la hora de realizar el estudio genealógico de sus familias. Ya que en el mismo, aparecen, por primera vez juntos,  hombres y mujeres de más de 23 años. Este hecho es muy importante porque, conociendo la edad que tenían nuestros antepasados en 1932, podemos deducir su año de nacimiento y con ello acceder más fácilmente a la inscripción de nacimiento (en el juzgado de paz) o a la partida de bautizo (en el Archivo Parroquial, información que ahora está depositada en el Archivo Diocesano de La Laguna). Además de servirles para localizar a sus abuelos, bisabuelos, y demás parientes, les aportará datos importantes como las profesiones que tenían, sus lugares de residencia o al hecho de si sabían o no leer o escribir. Esto será muy interesante, sobre todo,  para aquellas personas que abandonaron el municipio y perdieron el contacto con sus familias de origen.

En ese entonces, Candelaria estaba dividida en 4 secciones electorales: Sección 1ª Candelaria, Sección 2ª Cuevecitas (incluye la población de Araya y Malpaís), Sección 3ª Igueste y Sección 4ª Barranco Hondo.

Pique en el siguiente enlace para consultar el Censo:

https://issuu.com/candelariagenealogia/docs/censo_candelaria_1932

1 feb 2017







" ¿ Quiénes son estos bellacos, majaderos y pícaros para cargar a la Virgen ? "


Ésta tuvo que ser la pregunta que se hicieron, en 1587, hace hoy 430 años, los regidores Cristóbal Trujillo de la Coba y Gaspar Yanes Delgado,  -quienes en calidad de diputados de fiestas, habían acudido a Candelaria a la celebración de la “Purificación de la Virgen” (el 2 de febrero)-, cuando vieron que la imagen de la Virgen era cargada durante la procesión por los Naturales. A ellos les pertenecía ese privilegio, que habían ganado tras la conquista de la isla por concesión del propio Adelantado, según relató Alonso de Espinosa, ya que sus padres y abuelos habían sido los primeros en rendir culto a la Virgen en Tenerife, antes de que la isla fuese de cristianos.


Pero a estas autoridades no les pareció bien que la Virgen fuera llevada a la procesión  cargada por gentes del pueblo, descendientes de los Naturales “guanches de baja suerte”, como así los llamaron, al igual que “bellacos e majaderos e pícaros”. Por este motivo mantuvieron una disputa o enfrentamiento, al intentar quitarles las andas de la Virgen para cargarlas ellos. Dando lugar a que los Naturales ,que la cargaban y acompañaban, se amotinaran y la procesión fuese suspendida.


Este acontecimiento y otros que se sucedieron en los años siguientes con las autoridades civiles y religiosas, representadas éstas últimas por los frailes de Santo Domingo (también llamados Dominicos), dieron lugar a un largo proceso, de más de una década, que se llamó “Pleito de los Naturales”.


Pleito, que finalmente se resolvió a favor de los Naturales, convirtiendo de esta forma el derecho no escrito, en derecho escrito. Así, desde ese momento y hasta el día de hoy, los “bellacos e majaderos e pícaros” no han dejado de cumplir con esa costumbre o tradición familiar de cargar y acompañar a la Virgen durante sus procesiones.


En su momento fueron guanches, de toda la isla, los que ganaron ese pleito y los que acudirían en lo sucesivo a cumplir con la costumbre y la tradición de sus antepasados. Sin embargo, con el paso de los años ese privilegio terminó recayendo , fundamentalmente, en los habitantes de las medianías de Candelaria, especialmente los asentados en los pagos de Araya, Las Cuevecitas y Malpaís y en el último siglo principalmente en los de estos dos últimos pueblos. Pero…. ¿por qué? .


Pues a ese hecho, sin pretenderlo, le hemos podido dar respuesta mediante nuestra Guía Genealógica dado que algunas familias de estos pueblos cuentan con claros indicadores de ser descendientes de guanches al portar apellidos como Baute o Guanche, pero en cambio otras familias, que también los son y conforman la gran mayoría, mantenían oculta su ascendencia guanche bajo apellidos de origen castellano o lusitano como Castro, Díaz, Fariña, Marrero, Pérez, Rodríguez o Torres. Al igual que también lo son otras familias como los Alonso, Bello, Casanova, Chico, Gil, Higuera, Lugo, Mallorquín, Otazo, Mesa o Ramos por emparentamiento o consanguinidad con las anteriores. En definitiva, todos ellos son descendientes, en mayor o menor medida, de la nueva población mestiza, mezcla de guanches y colonos, (los Naturales), que surgió tras la conquista de la isla y que no ha renunciado nunca de su origen e identidad guanche, lo cual les da derecho a cargar y acompañar a la Virgen.


Un ejemplo de la reivindicación de este origen es la familia Pérez, la cual sorprende por su manifiesto interés en hacer patente su origen guanche durante siglos, al haber mantenido en muchos casos hasta finales del siglo XIX y principios del XX, su apellido doble : Perez-Bencomo como muestra de esa identidad.


Allí donde quiera que estén todos aquellos que fomentaron y ayudaron a mantener los actos de la Procesión y la Ceremonia, especialmente en el pasado siglo, como don Manuel Simón Alonso, don Francisco Guanche o don Elías Castro, deberán de estar tranquilos porque sus esfuerzos para que no se acabara con estos actos continúan hoy en día. Sus descendientes, parientes  y vecinos, la gran familia que conformamos todos los descendientes de los “guanches de baja suerte”, nos estamos encargando de que el legado de nuestros antepasados no se olvide  o se banalice.

Aunque debemos de empezar a diferenciar que la tradición y el derecho de cargar y acompañar a la Virgen durante sus procesiones es una cosa y el acto de la Ceremonia es otra, ya que son hechos y actos diferentes. Es importante tomar consciencia de que no solo somos unos actores y figurantes que vestidos con tamarcos o las zaleas de nuestros abuelos y  bisabuelos participamos en un acto de entretenimiento. Somos algo más, los representantes de nuestros antepasados y de una raza. Estamos presentes ahí porque como hemos visto nos corresponde por derecho, hecho históricamente contrastado, y además, para escenificar un acontecimiento muy importante en la cristianización de Tenerife: la aparición de la Virgen a los guanches, que igualmente nos corresponde a nosotros ejecutarlo por tradición y porque somos descendientes de guanches.


Estos hechos son importantes que los conozcamos y los demos a conocer para cuando traten de ridiculizarnos llamándonos “ovejas”, “magos”, etc… ,o cuando al pasar oigamos “risas burlonas”, no debamos sentir vergüenza de lo que hacemos o del orgullo y respeto que mostramos cada 14 de agosto en Candelaria hacia nuestros antepasados y nuestras raíces, y solo podamos sentir pena por aquellas  personas que hablan o se burlan de lo que desconocen. 


Bellacosmajaderos y pícaros siempre ha habido, hay y habrán, pero el paso de los siglos ha demostrado que esos calificativos no nos son aplicables a los “guanches de baja suerte”.


Ya podemos decir: ¡Sí, soy guanche, porque por mis venas corre aún la sangre de mi raza! .


13 dic 2016



GUÍA GENEALÓGICA de ARAYA, LAS CUEVECITAS y MALPAÍS


 Enlace de DESCARGA ( ACTUALIZADO 4ª Edición) al final del Texto

Por medio de esta Guía Genealógica de Araya, Las Cuevecitas y Malpaís se da a conocer, de una forma ordenada, información genealógica de veinte familias, que en la actualidad habitan en las medianías de Candelaria y de apellidos: Alonso, Baute, Bello, Casanova, Castro, Chico, Díaz, Fariña, Gil, Guanche, Higuera – López, Lugo, Mallorquín, Marrero, Mesa, Otazo, Pérez, Ramos, Rodríguez y Torres

Pero además, se incluye información de otras familias que habitaron estos pueblos y que con el paso del tiempo ya no están presentes en los mismos, al igual que sobre otras muchas del municipio de Candelaria y de fuera de él con las que durante siglos se han ido emparentando estos vecinos de la zona.

 
Esta Guía se encuentra, básicamente estructurada, en torno a la importante obra del güímarero Don Tomás Cruz García:  “Apuntes Genealógicos del Valle de Güímar", que fue editada de forma digital por el Instituto de Estudios Canarios (IECAN) en el año 2008, y que abarca desde principios del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX. Además, se ha ampliado, para estas familias, casi hasta nuestros días. 

Esto es fruto de consultas pormenorizadas realizadas en el Archivo Histórico Diocesano de La Laguna, en los Archivos Parroquiales de Candelaria y Güímar y en algunos otros archivos eclesiásticos, Registros Civiles y Juzgados de Paz de Tenerife y de otras islas. Incluso se incluyen consultas realizadas a nivel nacional e internacional. 

Todo ello apoyado en el gran pilar que ha supuesto siempre, para este trabajo, “la transmisión oral” y que se encuentra reflejado en la numerosa cantidad de entrevistas y consultas personalizadas realizadas a los descendientes directos de las veinte familias que se describen.

 
La información se encuentra desarrollada por apellidos, desde el primer o más antiguo tronco común hasta casi la actualidad, y se centra en describir la línea o apellido que han transmitido los varones generación tras generación, con las salvedades en las que esa transmisión se haya llevado a cabo por las llamadas “madres naturales”. 


También se aporta información y datos que ayudarán a conocer mejor el pasado de estas familias mediante la cita de acontecimientos que hayan quedado reflejados en la prensa o en libros. 


Con las salvedades históricas que puedan hacerse, esta Guía viene a reflejar y constatar un hecho, que sin pretenderlo, queda aclarado y que no es otro que el origen aborigen, guanche, de la mayoría de las familias descritas. Lo cual, explica porque la población de los pueblos de Araya, Las Cuevecitas y Malpaís tiene y han tenido una relación directa y activa en la “Ceremonia del Hallazgo de la Virgen de Candelaria” y su posterior procesión, hecho que tienen legitimado desde finales del siglo XVII por haber ganado el llamado “Pleito de los Naturales”. Actos, ambos, que no nos es desconocido que solo se llevan a cabo por parte de descendientes de guanches, pero que los mismos no tienen claro actualmente su vinculación con el pueblo aborigen de donde surge y atribuyen a una cuestión de tradición familiar su participación en esos actos. Cuando en realidad, a nuestro juicio, esa tradición familiar es una cuestión de origen.


Advertimos que en la redacción de esta Guía (al igual que en los Apuntes Genealógicos del Valle de Güímar de Don Tomás Cruz García) se pueden haber cometido errores en la transcripción de la información u de otro tipo, por ello recomendamos que se contraste siempre la información que aquí se ofrece con las actas originales que se encuentran en los archivos. Además de que se consulte directamente la obra de Don Tomás Cruz García, porque aquí no se transcribe toda la información que aporta la misma y que puede resultar de su interés.

 
El autor de esta Guía no es historiador, ni genealogista profesional, ni ha contado con el respaldo de instituciones públicas o privadas para llevar a cabo este trabajo. El único apoyo que ha tenido en estos ocho años de trabajo, y que ha sido fundamental, es el de las familias implicadas, que se han volcado en facilitar todo tipo de información y colaboración. 

Es por ello que esta Guía, a petición de su autor y en agradecimiento a la gran aceptación con la que siempre ha contado este trabajo, es de difusión GRATUITA.


Para acceder a la misma tan solo tendrá que descargar, en el enlace que se encuentra a pie de página, un archivo PDF, el cual ya está maquetado en formato libro para su consulta o si usted quiere conservar esta obra en formato papel tan solo tendrá que llevar el archivo a una imprenta para  que se lo reproduzcan en papel en el tamaño que está maquetado (15'5 x 22 cm) o en el que ustedes quieran.





5 nov 2016



Amalia Torres, la vidente arayera que se estableció en Santa Úrsula.


Como pudimos ver en la publicación anterior, nuestros antepasados recurrían  fundamentalmente para la curación de sus males a las curanderas/os que eran perfectos conocedores de remedios para curar a través de plantas, debido a que los médicos no estaba al alcance  de todo el mundo, eran profesionales escasos y había que desplazarse para acceder a sus servicios, por lo que fueron casi inaccesibles para nuestros antepasados.


En este mundo pseudoprofesional de la sanación sobresalió una arayera y no lo hizo precisamente en su entorno, ya que debido a la movilidad de su familia, jornaleros de campo, terminó asentándose en Santa Úrsula. Cuando terminen de leer esta publicación entenderán que Amalia Torres, no fue una curandera “al uso”, su verdadera  capacidad o dotación fue “la videncia”. Y el ejercicio del curanderismo (como medio de sanación) siempre estuvo supervisado por un médico, médico que requería de sus “capacidades extrasensoriales” en los casos difíciles  que atendía por toda la isla.


Como comentamos en la publicación: Nicolás Marrero Díaz el arayero que fue alcalde de Santa Úrsula, los lazos de parentesco  que existen entre los habitantes  de Araya, Las Cuevecitas y Malpaís  se concentran mayoritariamente en un solo municipio de la Comarca de Acentejo, Santa Úrsula, los cuales se vieron favorecidos por el asentamiento de don Nicolás Marrero en la zona y los cargos que este ocupara en el ayuntamiento de Santa Úrsula. Por eso son muchas las familias de nuestro entorno que cuentan con familiares allí, un ejemplo de ello son los Torres de Araya.


Tenemos constancia que se asentaron en el barrio de La Tosca de Ana María en 1901, cuando el arayero Dámaso Torres Castro contrajo matrimonio con la santaursulera Peregrina León León. Para desenredar esta familia tuvimos la gran fortuna de entrevistar en varias ocasiones a una de sus descendientes, Guadalupe Torres León, “Lupe”, todos los calificativos para definir a esta pequeña gran mujer son pocos, era una gran conocedora no solo de la estructura de su propia familia, sino que también lo era de la de otros paisanos que, como su padre y su esposo (también arayero), “viraron de la cumbre pa’ atrás”, para trasladarse a vivir a Santa Úrsula. “Lupe”, que así le gustaba que la llamasen, fue una transmisora oral innata y con “un rejo” como pocos hemos visto y todo ello pese, a la ceguera a la que su avanzada edad, la había llevado a padecer y que permanecía casi todo el día en cama.


Ella nos desveló todos los entresijos de los Torres de Santa Úrsula y los diferentes enlaces familiares que durante décadas se llevaron a cabo entre los Torres de Araya y los Torres de Santa Úrsula. Fue una familia muy endogámica,  lo que hace posible que en la actualidad existan casi tantos Torres “en el norte” (Santa Úrsula) como en Araya. “Lupe” hacía escasas diferencias entre sus antepasados, a todos les guardaba un gran afecto y cariño, pero esas escasas diferencias siempre las hacía para resaltar a una de sus antepasadas, ya que le había permitido disfrutar de la oportunidad, cuando ella era niña, de conocer casi toda la isla de Tenerife, en unos tiempos en los que no era frecuente moverse por la geografía insular. “Lupe” siempre acompañaba a “Amalia la sajorina” en todas “las visitas” que hacía fuera de Santa Úrsula. 

“Visitas” a las que acudía Amalia Torres acompañando a un médico que requería de sus “capacidades extrasensoriales” para atender “conjuntamente” los casos difíciles, combinado así la videncia y el conocimiento de “otros medios de sanación” con los conocimientos científicos y médicos.


 - “Lupe”, ¿quién era esa “Amalia la sajorina”?, - Si yo te contara… . Y ahí, en esa intriga y palpable respeto, dejaba casi siempre en el limbo la información concerniente a las prácticas que como vidente, curandera y santiguadora ejerció Amalia Torres, no solo en Santa Úrsula sino en toda la isla de Tenerife.



María Amalia Torres Torres nació en Araya en 1891. Siendo niña emigró, junto con toda su familia a Cuba, su padre, tíos y primos solían pasar largas temporadas trabajando como jornaleros por zafras en ese país. La familia se asentó en la finca El Drago, en Güines, donde su padre, Paulino Torres Castro, estuvo empleado unos años antes de regresar definitivamente a Tenerife. Una vez en la isla la familia se desplazó “al norte” (Santa Úrsula) donde su pariente, Dámaso Torres Castro regentaba junto a su esposa un negocio familiar de transportes y venta de vinos de la zona, los acogió y les prestó ayuda para instalarse allí. Y es en este momento cuando Amalia comenzó a ser conocida por sus “dotes naturales”  como vidente (popularmente llamados “sajorinos”) y curandera. 


Y lo que "Lupe" se reservó y nunca nos contó sobre la vida de Amalia Torres, finalmente medio lo extrajimos del artículo que adjuntamos y que fue publicado en el periódico Jornada en julio de 1988.

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Amalia Torres, la última zahorí del Puente de Hierro.

Hasta hace poco la casa donde vivió la zahorí de Santa  Úrsula doña Amalia Torres, fue lugar de peregrinación de gentes que anhelaban encontrar remedio a sus males y enfermedades, aparentemente incurables y que procedían de los diferentes rincones del Archipiélago. Han transcurrido más de treinta años desde su muerte y sigue siendo punto de referencia en las conversaciones de la gente que se siente atraída por las santiguadoras y curanderos que ejercen su oficio aún a las puertas del Siglo XXI en la era de la Ciencia y la Tecnología. Con la santiguadora y zahorí Amalia Torres culmina una importante etapa del curanderismo en Tenerife y en el Archipiélago, por la resonancia que tuvo su acertado quehacer y por las especiales virtudes humanas que jalonaron su quehacer.

Todavía hoy pervive en el recuerdo de los vecinos del barrio de Toscas de Ana María, en particular,  y de las diferentes zonas de la Comarca de Acentejo, en general << las buenas obras realizadas por esta mujer que es digna de ser considerada como una santa>>, según el testimonio de doña Magdalena que a sus 83 años siente nostalgia y pena <<de no tenerla en vida, para que con su sabiduría aliviara mis males. Era una mujer muy generosa con los vecinos>>. Muchas personas procedentes de otras Islas se han desplazado hasta esta localidad en busca de doña Amelia, pero han tenido que regresar con las manos vacías… porque han pasado más de tres lustros desde su fallecimiento y no se encuentra una curandera de su categoría y talante humanos.

<<Todos los vecinos pedíamos sus consejos>>

Doña Magdalena nos recibió en su casa a pesar de hallarse enferma. Sus hijas coinciden en resultar las cualidades de doña Amalia, mientras ayudaban a incorporarse a su madre, para que nos contara las anécdotas y acontecimientos más importantes relacionados con las actividades de esta vidente, que era entrañable amiga y vecina. Ella era natural de Candelaria, explica y desde que era una niña se trasladó con sus padres a Santa Úrsula, donde residió hasta su muerte. Fue madrina, comadre de todos mis hijos, salvo de uno que se encuentra en Brasil, por lo que ya se puede hacer una idea de los lazos que nos unía. Don Juan José casó con ella en segundas nupcias, era viudo y mucho más joven.

Cuando mi hijo fue para Brasil, agrega, tardó muchos meses en escribirnos y temíamos por su vida. La travesía duró tres meses, ya que había partido en una embarcación modesta. Mi comadre nos tranquilizaba asegurando que estaba vivo, pero que lo estaba pasando bastante mal. Pasado un tiempo recibimos cartas suyas de su feliz llegada a América.

Doña Magdalena destaca entre otras cosas que Amalia Torres siempre estaba dispuesta para hacer el bien y nunca el mal. Renunciaba a toda proposición que supusiera causar dañó a otras personas, a sus semejantes. Era muy desprendida y por tal razón, debido a un descuido y  excesiva buena fe perdió una casa. Recién casada yo, tuve una enfermedad que hizo que no me ocupara de mis hijos. Después de haber acudido a muchos médicos, decidimos que me observara doña Amalia, quien encontró solución a mi problema. Conmigo se comportó como si hubiera sido mi madre, así la considere siempre. Casi todo el mundo en el barrio, en Santa Úrsula acudía a su casa para escuchar sus consejos y seguir sus indicaciones.

Para las buenas gentes del lugar y de numerosos barrios de las Islas, lo que decía doña Amalia iba a Misa. Su palabra tenía fuerza de ley.

<<Curaba todos los males, menos las enfermedades congénitas>>

Ismael Guzmán Afonso conoció de cerca las virtudes curativas de doña Amalia Torres y tiene amplias referencias e infinidad de testimonios orales que avalan sus especiales dotes. Estima que no era una curandera cualquiera porque actualmente muchas personas suelen presumir de tener  un dominio de la santería y ser meros aficionados o farsantes que se creen unos sabios por haber leído algunos libros.

Ismael Guzmán afirma que ella tenía el don de curar todos los males, salvo las enfermedades congénitas. Cuando alguien acudía a su casa cerca del Puente del Rey Alfonso XIII (Puente de Hierro), que comunica con la Victoria, ya intuía lo que le pasaba y si su afección requería una asistencia especializada o no. En el caso que se tratara de un asunto complicado recomendaba a la "paciente” que acudiera a un médico. Nunca recetaba medicamentos, porque consideraba que no estaba facultada para ello, aunque si recomendaba determinadas plantas y preparados medicinales. Antes encargaba la elaboración de los productos a los boticarios, o farmacéuticos. Doña Amalia  tenía unas dotes extraordinarias para curar y deshacer maleficios. En las zonas rurales abunda esta creencia  e incluso en las ciudades, aunque se disimula bastante. Hoy en día se está haciendo mucho daño con estas prácticas por personas sin escrúpulos y con él mero afán de lucro, a cuenta de la buena fe y salud de las gentes sencillas. Nuestra santiguadora nunca se prestó a tales artimañas, por lo que su recuerdo perdurará siempre.

Ismael Guzmán Afonso que se considera un entendido en estas ciencias, cuenta que se dio el caso de una mujer que no podía convivir con su marido porque bebía mucho y fue a pedirle un remedio a doña Armalia, pero ésta le respondió que no podía ayudarla, que era mejor que se separara, o lo dejara, antes que causarle algún daño que pudiera ser irreparable. Como ejemplo narra una anécdota significativa, recuerdo que a mi madre le habían robado las gallinas y al dar cuenta del hecho, doña Amalia le reveló el paradero de las aves sustraídas. En el Cuartel de la Guardia Civil indicó las características de cada una de las gallinas, la blanca, la negra, la de cuello peludo y la canela, entre otras, sin haberlas visto con anterioridad logrando que se devolvieran a su dueña. Según decía, se hallaba entre el barranco y cuatro caminos distantes de su casa.

<<No sabía ni leer ni escribir>>

La zahorí (“zahorila” en el lenguaje popular) de Santa Úrsula no sabía ni leer ni escribir, según afirma uno de sus parientes e Ismael Guzmán. Estuvo muchos años en Cuba y su padre no quería que se dedicara al curanderismo -Le prohibió-, puntualiza el señor Guzmán, <<que continuara esas prácticas porque no las consideraba verídicas y dudaba de su fiabilidad. Su padre, para desengañarse, le preguntó si sabía cuántas plantas habían en el patio de su casa, sin contarlas y ella le nombró, indicó la ubicación y el nombre de cada una>> .  A pesar de los años transcurridos desde su fallecimiento una aureola de misterio envuelve su memoria entre los habitantes de esta localidad, que encuentra su delimitación entre la realidad y la leyenda.

<<Antes de nacer lloró en el seno materno>>

Afirma Ismael Guzmán y los vecinos del lugar que han escuchado las narraciones de las personas mayores y ancianos que <<dicen que antes de nacer lloró en el vientre materno y que se podía ver una cruz en el "cielo de su boca". Hasta los más escépticos tienen sus interrogantes y sus reservas >>.

Con este reportaje sobre la zahorí tinerfeña se ha pretendido abrir el camino para futuras investigaciones sobre esta singular mujer, en el contexto del estudio racional del fenómeno del curanderismo en las Islas como un hecho cultural.


28 oct 2016



La loca de Candelaria. Discapacitados, los dejados de la mano de Dios.

Si ustedes ya han leído nuestras publicaciones anteriores: “Araya, Las Cuevecitas y Malpaís en 1848", “Llegada del agua potable a Candelaria", o “María Marrero Castellano, la amancebada que no podía ser enterrada en el cementerio católico", les será más fácil entender la presente publicación. Porque según fuimos adquiriendo un conocimiento más profundo de las condiciones de vida de nuestros antepasados hubo otro grupo social, que nos atrajo especialmente el interés, y ese fue el de los discapacitados,  porque si para las demás “almas”, el sobrevivir al día a día fue duro, para ellos, los discapacitados, aún lo fue mucho más .


La discapacidad es la condición que se les da a las personas que presentan una deficiencia física, mental, intelectual o sensorial y que afecta a la forma de como esas personas se relacionan con el resto. En el pasado, fueron llamados impedidos, tullidos, cojos, mancos, ciegos, mudos, bobos, etc…, personas a las que los nombretes o motes se les aplicaban como auténticas etiquetas descriptivas  “el Rengo”, “el Bizco”, “la Sorda”, “la Herniada”, etc... .

Nos llegó a sorprender que en determinadas épocas hubieran sido, especialmente numerosos, en nuestros pueblos.  Pero la sorpresa fue en aumento a medida que fuimos conociendo diferentes casos y aspectos de sus vidas.Los hubieron tanto en Malpaís, Las Cuevecitas como en Araya, un ejemplo, fue el caso de varios hermanos ciegos de Araya, que vivieron confinados en un grupo de cuevas habitables que se encuentran al borde del andén de un profundo barranco y del que casi no salían para no accidentarse. Evidentemente, como la gran mayoría de las discapacitadas, las mujeres de este grupo de ciegos, fueron todas madres naturales de varios hijos e hijas, con lo que sus ya precarias condiciones de vida no solo les afectaron a ellas como discapacitadas sino también a sus hijos. Pero aun así, una de estas hermanas ciegas, fue capaz de superarse y esforzarse lo inimaginable y más, hasta que montó un negocio propio, “una venta”, un lugar donde vendía productos de primera necesidad  para un reducido número de vecinos y que también servía de lugar de reuniones donde los hombres jugaban a la "baraja" (las cartas)  y bebían “algo”.


Parte de las discapacidades que sufrían nuestros antepasados, se debían a la alta consanguinidad existente entre ellos, pero otra parte eran producto de accidentes, caídas, golpes, etc., fruto todas ellas de trabajar en duras labores físicas durante largas jornadas diarias al aire libre. Labores que realizaban tanto hombres, mujeres como niños, lo cual era condición indispensable para asegurarse  el escaso alimento diario y muchas veces ni para eso. Si un miembro de la familia tenía un accidente, decaía su fuerza o enfermaba pasaba a depender del resto del grupo familiar, con la consiguiente carga que eso podría suponer para los demás. Esto, empeoraba cuando nuestros antepasados eran trabajadores de “tierras ajenas” (porque no poseían tierras propias), y trabajaban de “medias” o vendían su única fuente de ingresos, su fuerza física, a cambio “del sustento” (la comida). Si tenían un accidente o cualquier enfermedad no existían los “subsidios”, se quedaban sin “sustento” y pasaban a depender de sus familias, si las tenían, y si no… de las limosnas.


Otro factor promotor de discapacidades eran las enfermedades que sufrían. Nuestros antepasados padecieron de frecuentes hambrunas causadas, casi siempre, por largos periodos de sequías, lo cual favorecía el rápido desarrollo de enfermedades. Los enfermos en nuestros pueblos eran atendidos fundamentalmente por curanderas que eran perfectas conocedoras de remedios para curar a través de plantas, pero las enfermedades infecciosas estaban fuera de su alcance. Eso, eran cosas mayores y propias de médicos, profesionales que no estaba al alcance  de todo el mundo, hay que tener en cuenta también el escaso nivel y los mínimos recursos que tenía la medicina en esas épocas, además de que eran profesionales escasos, y había que desplazarse para acceder a sus servicios, bien a Güímar, a Arafo y más recientemente a Candelaria, pero lo que los hacía realmente inaccesibles para nuestros antepasados eran “sus honorarios”.


Por ello, en muchas ocasiones, las enfermedades traían la pobreza y esto se convertía en un círculo de difícil solución. Que unido a las deficientes condiciones higiénicas  que existían, amparadas fundamentalmente por la escasez de agua, el hacinamiento y las malas condiciones de las casas, las cuales frecuentemente eran compartidas por muchas personas, esto favorecía el desarrollo de todo tipo de infecciones y epidemias como las de lepra, gripe española, fiebre amarilla o las de viruela en las que los que lograban sobrevivir solían quedar estériles, ciegos y físicamente marcados (la enfermedad provocaba la aparición de ampollas de pus en la piel que al secarse quedaban en forma de costras que al caerse dejaban cicatrices permanentes)  por lo que siempre se evitaba el contacto con ellos por miedo al contagio.Es evidente que existió una relación directa entre pobreza, enfermedad, marginalidad y personas con discapacidades.








Todas estas situaciones de frecuentes hambrunas, enfermedades y epidemias, provocaban aún más discapacidades ya que se generaban estados de ansiedad,  demencias, enajenaciones mentales,  locuras, etc… como lo ocurrido a la candelariera Inocencia Cruz Coello que a finales del verano y principios del otoño de 1935 fue motivo de varios artículos en el periódico “Hoy” debido a que era mantenida recluida en su casa sentada en el suelo mediante un cepo que le aprisionaba las piernas para evitar su movilidad, por lo que fue llevada al manicomio de la capital y según empezó a tener una alimentación en condiciones y a ser tratada médicamente comenzó a mejorar.
Nada más sabemos de Inocencia, más allá de esos hechos, desconocemos si logró finalmente ser curada de su demencia, si regresó nuevamente a Candelaria o si tuvo descendientes. Hoy solo exponemos su caso como ejemplo de las discapacidades que padecieron nuestros antepasados debido a las hambrunas que pasaron.





—¿Ha venido el medico a verte? —No, señor. Somos muy pobres. Mi abuela no tiene dinero ni yo tampoco. Quiero que me saquen de aquí, que me vea la luz del sol; quiero pasearme al aire libre, distraerme y me pondré buena. Además, tengo hambre. Quiero comer. No me dan sino agua.
 La abuela interviene. —Eso es mentira —dice— porque se te da de comer.
—¿Qué le dan de comer? —Por la mañana un poco de café y leche y a la noche algo de cena. —¿Nada más que eso? — ¿Qué más le voy a dar? Yo vivo de limosnas. Eso que come Inocencia se lo manda un hermano.
—No, medicinas, nada. Si la recetaran y la cuidaran bien, creo que se pondría buena, porque ella es modosita y cariñosa.
Reanudamos la conversación con Inocencia, que ha seguido con atención las palabras que hemos cambiado con la abuela.

—Trabajaba vendiendo pescado y también en los tomates. Estuve en las fincas de don Modesto Campos, en Güímar. Yo lo que quiero es que no me tengan aquí como un perro, en este suelo y sin comer. Tengo hambre. ¡Por Dios, denme algo!  Señor... le voy a decir una cosa. Oí el otro día a mi abuela hablar de manicomio. ¿Por qué? Yo no necesito Manicomio sino un médico y, comida y que me curen.